LA CUARTA PUERTA
Como si de un vendaval se tratara, se acccedió al patio de armas abriendo las cuatro de par en par...
Cuando mi padre me contaba aquellas historias castrenses era capaz de viajar más allá de las ventanas ahumadas. Veía perfectamente aquellos hombres uniformados luchando con bravura sobre las colinas del campo de batalla. Sus armas, estandartes, caballos, artllería, fundas de sable, campamentos y estrategias...
Eran los momentos en los cuales realmente me sentía cómodo, sin rigideces protocolarias ni restricciones emotivas. Siempre que faltaba poco para que la historia llegara a su fin, aparecía mi madre apoyándose sobre el marco de la entrada escuchando atentamente el relato y mis reacciones, al apagar las luces, un beso en la frente sellaba mi descanso.
Es curioso con todo lo que ha pasado, aún recuerdo tantas cosas, y parece que otros han podido captar el reflejo de la memoria aquí escrita, desde la oscuridad de mi nuevo viaje.
Escribir sin respirar, respirar como quien escribe... Debería haber muerto de viejo, siempre esperé que así fuera y sin embargo alguien decidió por mi. Si consiguiera saber quién y porqué creo que este andén oscuro pasará a la historia y podré proseguir mi propio camino sin angustia ni titubeos.
Pero ¿alguien está leyendo esta misiva? ¿estoy loco?
