Como si de un vendaval se tratara, se acccedió al patio de armas abriendo las cuatro de par en par...
Cuando mi padre me contaba aquellas historias castrenses era capaz de viajar más allá de las ventanas ahumadas. Veía perfectamente aquellos hombres uniformados luchando con bravura sobre las colinas del campo de batalla. Sus armas, estandartes, caballos, artllería, fundas de sable, campamentos y estrategias...
Eran los momentos en los cuales realmente me sentía cómodo, sin rigideces protocolarias ni restricciones emotivas. Siempre que faltaba poco para que la historia llegara a su fin, aparecía mi madre apoyándose sobre el marco de la entrada escuchando atentamente el relato y mis reacciones, al apagar las luces, un beso en la frente sellaba mi descanso.
Es curioso con todo lo que ha pasado, aún recuerdo tantas cosas, y parece que otros han podido captar el reflejo de la memoria aquí escrita, desde la oscuridad de mi nuevo viaje.
Escribir sin respirar, respirar como quien escribe... Debería haber muerto de viejo, siempre esperé que así fuera y sin embargo alguien decidió por mi. Si consiguiera saber quién y porqué creo que este andén oscuro pasará a la historia y podré proseguir mi propio camino sin angustia ni titubeos.
Pero ¿alguien está leyendo esta misiva? ¿estoy loco?
Me temo que no he sabido gestionar esta crisis, hace ya algún tiempo que ando cerca del nudo, pero no ha ocurrido nada.
Cuando divisé el túnel no cabía en mi asombro, era tal como muchos lo habían descrito hasta el momento, todos esos exploradores que se aventuraron sin pedirlo ante semejante experiencia.
A veces charlo con algunos que se quedaron rezagados por alguna cuenta pendiente o simplemente porque eran demasiado radiantes, y eso deja algunos restos en el ambiente.
Esto es distinto, aquí se ha producido una conexión totalmente libre de interferencias o suciedad.
El tercer paso servirá quizá para confirmar el desastre o abrir una nueva puerta a este curioso milagro que parece humo de cigarrillo.
No puedo evitar escribir, construir, estructurar, disponer, desplegar, combinar, mezclar y ordenar caóticamente las palabras, frases, conceptos, direcciones, cambios, ejemplos y estremecimientos, simplemente no puedo evitarlo por que eso es lo que quiero, deseo ser el recipiente que canaliza la conciencia del universo, es decir, nosotros.
Las caricias que le dispensaba a cualquier perro durante mi otro estado alimentaban la materia de una supernova a 10.000.000 millones de años luz de la Tierra, el amor viaja rápido, tanto como estos mensajes que nosotros lanzamos a la nada , al vacio, a la otra realidad del universo con cinco dimensiones.
Yo antes no lo sabía, sólo me he dado cuenta plenamente aquí con los otros que se van y me acompañan. Escribí mucho durante mi carrera y jamás me sentí realmente de los buenos, sólo mi esposa, mi adorable Erika, decía que yo era de los buenos, pronto volveré a verla, con su ademán de fragilidad, con su sensibilidad extrema, con la belleza del amor que irradia.
Qué fantástica sorpresa, se ha entablado contacto de manera clara e irrefutable. Es una maravilla poder recibir información desde el otro lado, he descubierto un mensaje lunar interrogándose acerca del texto que dejé flotando...
Contiene diversas preguntas, y es difícil contestarlas todas, la historia es muy larga pero intentaré aclarar algunas dudas.
En mi lado las cosas son muy distintas a como eran antes de mi cambio de estado, cuando aún permanecía con ustedes. Ya me había acostumbrado y comenzaba a fluir con cierta comodidad (al principio me resultó muy complicado aceptar la situación) cuando casi ya ni anhelaba mi anterior situación se produjo un giro en los acontecimientos. Algunos decían que no era tan excepcional y que se producían "nudos" algunas veces, estas anomalías permitían permeabilizar las distintas capas de manera que la información podría llegar hasta el otro lado, así que intenté tomar contacto a través de esta puerta.
Y parece ser que ha funcionado, he intentado retomar el contacto con el ser que me respondió pero me ha sido inútil, quizá la puerta ya no sea operativa, es posible que el nudo se deshaga y pierda la oportunidad de repetir la experiencia, permaneceré cerca por si se produce alguna novedad, los demás se lo toman un poco a risa pero yo lo contemplo como un hecho mágico, muy especial.
Jamás pensé en que todo resultaría así, cuando me llevaron a la universidad yo estaba empeñado en ser médico, poco podía imaginar entre nervioso y excitado el futuro que me aguardaba.
Ni si quiera era capaz de medir en su exacta magnitud el peso del término sufrimiento, en resumidas cuentas, no tenía ni idea de lo que significaba estar vivo. Sin embargo, los años que viviría en adelante, fuera del manto protector, serían inolvidables en cuanto a su caudal energético y vital. Descubrir el dolor y el placer.
Resulta extraño, no pensé en mi nuevo estado que me expresaría en una lengua que no es la materna, son muchas las sorpresas que me he llevado estos últimos años...
Comencé a escribir de muy jovencito, afortunadamente el ambiente en mi casa estaba muy ligado a las expresiones artísticas y la lectura era algo muy habitual. Aún recuerdo a mi madre en el despacho, junto a la ventana, la luz incidía sobre su figura elegante de forma abrupta, casi violando sus perfiles perfectamente delimitados. Me fascinaba la delicadeza con la que mojaba la pluma en el tintero, sus pausas, que eran sus pensamientos, sus suspiros, escapando de su boca como esporas de lamento discreto. De vez en cuando abandonaba sus buceos
intelectuales y se acercaba hacía mi a través de la magnífica alfombra tunecina, se acercaban ella y su aroma... Recuerdo que el día que murió conservé el frasquito de su perfume, cuando lo vuelvo a abrir, ella reaparece a través de la alfombra acercándose para abrazarme y colmarme a besos...
La relación con mi padre sin embargo era algo distante, él era un hombre de honor, que no entendía de concesiones, aún me parece escucharle: "la mejor de las virtudes, hijo mio, es la disciplina".
El punto de inflexión se produjo el día que tuve el accidente con "Damisela" una de las mejores yeguas del gran amigo de mi padre, el dr. Alfonso. Me fracturé ambas piernas por varios sitios, lo más cariñoso que me dijo fue que no llorara, tenía 11 años.
Sí, lo cierto es que durante mi infancia fui recolectando una de cal y otra de arena. Aunque me siento muy afortunado, como os decía, de haber tenido acceso a la magnífica librería que teníamos en casa.
Hace unos días, aquí donde me encuentro, se produjo un extraño fenómeno, y de manera sorpresiva me encontré ante la posibilidad de incidir en vuestra capa de la cebolla, por lo que me han dicho no es algo habitual así que me he aventurado a escribir estas líneas, ignoro si recibirán respuesta pero no se pierde nada con lanzar una botella con un manuscrito enrollado en su interior. Les pido disculpas por mi torpeza de escritor venido a menos y aprovecho la ocasión para saludarles efusivamente.
W.D
